CUENTO Contracorriente Félix Jawara LGBTI+

CUENTO: "Contracorriente" de Félix Jawara


Hoy vamos a viajar a un lugar muy lejano, quizá a una selva cerrada, verde y húmeda, quizá a una pradera rodeada de montañas… lo importante es que ahí vivió So Aluma, nuestro protagonista. Y es que todo el mundo en la tribu, la tribu de los Alumas, se apellidaba Aluma.

So nació un día en el que sobre la choza donde su madre estaba sobrevolaba un águila enorme. Desde ese día, allí donde So jugaba, corría o cazaba estaba el águila.

So era un delgado y fibroso muchacho de apenas catorce años y aunque para nosotros ésta es una edad muy temprana, So era ya un elemento muy importante. Era el encargado de encender el fuego a primera hora de la mañana los días fríos. Pero, aun siendo ésta una función crucial, So todavía no era reconocido por los demás como adulto. Sería adulto cuando contrajera matrimonio con una joven y construyera su propia casa.


Los amigos de So, de cuando era pequeño, estaban casados e incluso algunos tenían hijos. Sólo quedaba So, pero ninguna de las chicas del poblado le gustaba lo suficiente. Ante esto, So se reunió con los más ancianos del poblado y les dijo que había pensado en viajar y conocer a otras mujeres de otros poblados.

Aunque la marcha de So era un duro golpe para la tribu los ancianos no supieron más que desearle suerte en el viaje. So cogió sus mejores pieles, las mejores plumas para el pelo y tomando su canoa comenzó a descender río abajo. Había comenzado su misión, encontrar una mujer para volver con ella al poblado y que allí le reconocieran como adulto.

So estaba en medio del río
Era la primera vez que viajaba solo y tan lejos. Remaba siempre al mismo ritmo…zas…zas…zas…zas…zas. Cuando más alto estaba el sol, So vio una sombra reflejada en el agua. Rápidamente miró hacia arriba y buahhh!!!. Allí estaba. Era el águila enorme que una vez mas volaba bajo, sobre su cabeza. Al golpe de remo de So en el agua, el águila agitaba sus enormes alas. So podía oír perfectamente el sonido.

En cada poblado So paraba una noche y les contaba por qué viajaba río abajo. So recibía regalos que las tribus siempre dan a visitantes amables y, si esa misma noche no se sentía atraído por ninguna chica, seguía su camino por el río hasta la siguiente tribu.

Pasaron días y días. El río cada vez era mas ancho y eso indicaba que se estaba alejando de su casa.

En uno de los poblados So conoció a Zara Yo. Al llegar al poblado, este joven estaba cerca del río y se acercó curioso al visitante para ayudarle a sacar la canoa del agua. Esa noche, Zara Yo y So no dejaron de hablar. Más bien era So el que contaba a Zara Yo todas las maravillas que había visto en su viaje. Esa noche, al dormirse, Zara Yo tuvo un sueño, soñó que viajaba como lo hacía So.

En la tribu de Zara Yo dicen que los sueños te enseñan el camino que has de seguir al día siguiente de haberlo soñado. Al despertar Zara Yo corrió a contárselo a So, quien se alegró muchísimo por saber que iba a tener un nuevo compañero de viaje. Y pronto, tomaron una canoa más grande donde pudieran remar los dos y se metieron en el río.

No dejaron de hablar en todo el día
So remaba delante y Zara Yo detrás sin dejar de mirar a los lados del río. Y miraba arriba también impresionado por el águila que acompañaba a So. Aleteó el águila, So estaba muy a gusto con Zara Yo.

Un par de días después So sintió que era el momento de volver al poblado. Los dos juntos comenzaron a remar muy fuerte contracorriente. Ahora el viaje era más lento y duro. Tras varios días remando llegaron al poblado de Zara Yo. So pensó que allí se acabaría el maravilloso viaje juntos pero Zara Yo no dejó de remar río arriba. No quiso arrimarse a la orilla. So entendió que iba a seguir acompañado en aquel viaje. Esa noche Zara Yo puso su mano sobre la de So y se besaron. So había encontrado por fin la compañía que buscaba.

Al llegar al poblado, todos salieron a saludar a So. Estaba asustado y tenia miedo por lo que podía pasar. So agarró de la mano a Zara Yo y fue a la cabaña donde pasaban el día la asamblea de ancianos. Se sintió triste de repente pues no sabía como decirles a los ancianos que le miraban ansiosos de noticias que había encontrado el amor que buscaba.

So, entre lagrimas, dijo: “Aquí está, he encontrado el amor que buscaba y se llama Zara Yo. Sé que no es lo que esperabais de mi, si es necesario me marcharé del poblado”. So no aguantó más y empezó a llorar. Un anciano miró a Zara Yo, le sonrío y dijo: “So, ¿acaso el águila que siempre te ha acompañado te abandonó cuando lo encontraste? ¿Por qué entonces lo haríamos nosotros?”

Desde ese día So y Zara Yo vivieron juntos en la tribu. Desde ese día So pasó a ser un adulto Aluma.

Comentarios

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